Reflexiones rápidas (a la par que tontas)

10 09 2010

Parece un hecho extendido que los personajes ficticios que ya están muertos no se alimentan de lo mismo que nosotros. Por ser monstruos, nuestra imaginación les priva de un buen cocido, una pizza de bacon o un simple huevo frito, y los pobres quedan condenados a vivir a base de escarabajos triturados, mucosa de calamar africano o pestañas de elefante macho aderezadas con caspa de ñu leproso. Y, si en algún momento se han de acercar a la comida humana, esta siempre estará podrida e infestada de gusanos, moho y demás.

Pero, ahora yo digo: están muertos. No pueden morir, así que no tienen por qué atenerse a una “dieta sana”. ¿Quién sabe? Quizá la rata de cloaca sobre cama de cianuro servida en envase de contención química sea una verdadera delicia. Por el bien de mi salud mental, que alguien me diga que la reflexión es, cuando menos, lícita. Porque pienso seguir plasmando más de este estilo 🙂





¿Buscando piso? Pásate por Avenue Q

9 09 2010

¿Recordáis aquellos años con Barrio Sésamo como telón de fondo? Espinete, Chema, el de los caramelos… ah. Tiempos mejores, cuando lo que más nos preocupaba eran cosas como “arriba” frente a “abajo”, cuántos cocos contaba el conde Draco o los inverosímiles reportajes de la rana Gustavo. Eramos infantes, unos niños pequeños intrigados por el mundo de los niños pequeños.

Pero nos hicimos mayores. El erizo rosa dejó de responder a nuestras preguntas, que evolucionaron con nosotros, y empezamos a buscar nuestras respuestas en otros lugares. Algunas las encontramos, otras no… pero seguimos día a día, intentando hacerlo lo mejor que sabemos.

Ahora bien: ¿qué ocurriría si Espinete hubiera crecido como nosotros? La magia de la TV logra que los mutantes trasgénicos rosáceos no envejezcan nunca, pero en un mundo justo hasta el erizo hubiera tenido que madurar, buscar un empleo, una casa, labrarse un futuro. Esto es precisamente lo que se nos plantea en el musical del que hoy hablamos: Avenue Q

Hacía tiempo que quería hablar de esta magnífica obra, pero creo que la ocasión es ahora mejor que nunca, pues tenemos la suerte de que el 23 de septiembre se estrena en Madrid, en el teatro Nuevo Apolo, la adaptación española. Os contaré un poco más. La historia gira alrededor de Princeton, un joven licenciado en el equivalente a Filología (ejem) que no encuentra trabajo de ninguna manera. Su búsqueda de independencia acaba por llevarlo a Avenue Q (la avenida Q), donde conoce a toda una serie de personajes de lo más pintorescos con los que pasearemos por esos temas que don Pimpón no nos contestaría ahora: racismo, pornografía, desengaños amorosos, desgana vital… Lo dicho, todo aquello que preocuparía sin duda a aquellos personajes que animaron nuestra infancia.

Así que ya sabéis: a partir del 23 de septiembre en Madrid (supongo que lo llevarán a Barcelona también en algún momento), no dejéis de perderos la obra. Pasad también por su página web (http://www.avenueq.es/) si queréis saber un poco más de la historia. Por lo que he podido escuchar, que es la banda sonora original, saldréis con, al menos, una sonrisa de oreja a oreja. Y para muestra, un botón. Os dejo con el tema inicial, donde los huéspedes de Avenue Q nos dan la bienvenida. Disfrutadlo.

EDIT: Parece que no funciona el reproductor, así que os dejo directamente el enlace a Goear: http://www.goear.com/listen/8223595/avenue-q-intro-elenco-avenue-q-el-musical





Bolzano, la mente humana y un ascensor de Valencia

6 09 2010

Definía Lautréamont el surrealismo como “el encuentro de un paraguas y una máquina de escribir sobre una mesa de quirófano”, intentando reflejar con esto una situación imposible más que en la mente más retorcida e imaginativa. Poco más adelante, Alejo Carpentier (entre otros) demostraba con lo Real Maravilloso que no solo podían encontrarse un paraguas y una máquina de escribir sobre una mesa de quirófano, sino que uno podía encontrar barbaridades aún más espeluznantes en su día a día. Como referencia, recomiendo El Reino de Este Mundo. Imaginar el palacio de Versalles en medio de la selva de Haití no tiene precio. Pero en fin, me desvío.

Si el conde de Lautréamont, precursor del surrealismo, estuviera vivo, no tendría más remedio que admitir la evidente falta de precaución que originó sus palabras. Ojo, que yo quiero mucho a este señor, ¿eh? Echad un vistazo a Los Cantos de Maldoror y entenderéis por qué. Pero patinó, como patinamos todos, que se nos llena la boca de vez en cuando y luego pasamos a la historia como “aquellos que dijeron…”. Un contraejemplo a la definición de este señor la tenemos en la siguiente imagen :

El ascensor sube sólo al segundo piso (sin pasar por el primero)

¿Quién imaginaría jamás que Bolzano se juntaría a un ascensor de Valencia en una mente humana? Y sin embargo, aquí lo tenemos. Para quien no lo sepa, Bolzano fue un señor matemático que dijo que entre un número negativo y un número positivo está el cero. Y ahí lo tenéis, el teorema de Bolzano. Esto, expresado de forma chula y según la Wikipedia, vendría a quedar tal que así:

Sea f una función real continua en un intervalo cerrado [a,b] con f(a) y f(b) de signos contrarios. Entonces existe al menos un punto c del intervalo abierto (a, b) con f(c) = 0.

Yeah. Bueno, estoy siendo un poco irónico, pero es que me hace mucha gracia. En realidad, el teorema de Bolzano se aplica bastante en matemáticas (entre otras cosas, para hacer la transformada rápida de Fourier, tan útil para los fonetistas).  Y no despreciéis nunca el valor de lo evidente. Sí, entre un número positivo y uno negativo está el cero, lo sabemos todos, pero a veces es necesario demostrar cosas mucho más evidentes y nos quedamos con la palabra en la boca porque no hemos sido capaces de reflexionar sobre ello. Ojito.

Volviendo a la imagen del ascensor, ahora comprenderéis todos el comentario escrito a mano. Según la teoría de Bolzano, es imposible que el ascensor pase del 0 al 2 sin pasar por el 1, ya que se trata de un elemento que evoluciona de forma continua. ¿Tontería? Sí. Pero hacía falta que alguien lo expresara. Sobra decir que este ascensor no es de un bloque de pisos cualquiera, sino que pertenece a la facultad de ingeniería de la Universidad Politécnica de Valencia. Sería extraño que alguien conociera a Bolzano fuera de un ámbito parecido. Ahora vosotros ya lo conocéis.

Las matemáticas, amigos, tienen más presencia en nuestras vidas de lo que somos conscientes. No sé si las matemáticas ya estaban ahí o si los que se dedican a ellas han querido “matematicatizar” todo lo que nos rodea, pero el caso es que es así (algo así como en la serie Numb3rs, pero sin tanto flipado suelto, supongo). Sirva esto como compensación a mi habitual defensa de la lingüística y para expresar algo que nunca me cansaré de decir: el saber NUNCA está de más. Aprended todo lo que podáis de todo lo que se os ponga a tiro, porque nunca se sabe cuándo puede hacer falta. Uno puede conocer las palabras, pero sin las matemáticas, como veis, la expresión se convierte en una incorrección. Por cierto, alguien debió acusar el error y la corrección, ya que poco más tarde, este era el cartel que podía leerse en el mismo ascensor:





Pequeño corte

5 09 2010

Mil perdones a todos. He estado unos días sin actualizar, pero es que he estado de boda. No mía, claro. Mi primo se ha casado hoy, y aunque la cosa no deja de ser bonita y emotiva, ha supuesto para mi percepción personal un golpe un poco chungo. Ya ha pasado la celebración, y aunque aún tengo alguna responsabilidad contractual con mi señor primo, prometo solemnemente actualizar a la mayor brevedad posible (que vendrá a ser mañana como tarde). Lo dicho, familia. Nos leemos pronto.





Los muertos de Disney

28 08 2010

Si por algo son conocidas las películas de Disney es por su ñoñería y blandurriez, dos palabras que he tenido a bien inventarme para definir el género. No fue hasta Atlantis (2001) que los largometrajes de la factoría mostraron alguna gota del rojo elemento vital (sí, se ve que hay una gresca y el buen mozo, Milo, sale perjudicado con algo más que un moratón o un diente perdido con una sonrisa cómica acompañada de una mirada cruzada). En general el amor triunfa, la bondad es recompensada, los malos se esfuerzan en preparar intrincados planes que implican la desaparición absoluta del protagonista… oh, wait. Los malos. ¿Alguien ha pensado en ellos? Todo acaba bien, sí, ya sabéis… el amor triunfa, la bondad es recompensada, bla bla bla. Pero, ¿y el sufrimiento de los malos? ¿Os habéis parado a pensar en cómo mueren los pobres malos de Disney? Porque sí, mueren, por mucho que se empeñen en sacar segundas partes en las que el cuñado de la prima del compañero de piso del malo toma como vendetta personal acabar con el prota (again). Como sé que nadie piensa en estas cosas (hace falta estar muy aburrido, cansado, deprimido o todo junto para ello), os he preparado una lista con las 5 muertes que más me han impresionado de malos de Disney. Espero que os guste =)

5) Scar (El Rey León). No solo es devorado vivo, sino que además se lo comen sus hienas, sus aliadas. Lo que hace el hambre, madre mía… ¿os imagináis que, ante la inminente derrota de Alemania por parte de los aliados, los soldados nazis se hubieran comido vivo a Hitler? (Sí, lo sé, es muy “zombies nazis”, pero para que veáis que todo está enlazado). Y si pongo el ejemplo de Hitler es porque no hay líder mundial al que más se parezca este caballerete con melenas.

4) Garfio (Peter Pan). A Scar al menos se lo comen entre muchos y, probablemente, moriría de forma rápida. El capitán Garfio es perseguido por un cocodrilo regordete que, con toda seguridad, se regodearía en la muerte de su víctima. Empezando por la otra mano, siguiendo por las extremidades inferiores, pasando a brazos, la piel de la cara… en fin. Podéis imaginarlo.

3) Clayton (Tarzán). El malvado cazador furtivo con ínfulas de lord padece, primero, el agobio de verse rodeado por una ingente cantidad de lianas a las que no está acostumbrado para, a continuación, caer en picado con una de ellas enroscada en el cuello. Por los espasmos finales, debemos suponer que el tirón de cuello no termina de matarlo, así que aún ha de padecer la agonía del ahorcamiento. ¿Sabéis? Si hubiera cazado los gorilas, con toda probabilidad solo hubiera tenido que pasar un par de meses en una cárcel de baja seguridad. Ironías de la vida…

2) Oogie Boogie (Pesadilla Antes de Navidad). Aunque no me gusta reconocer que mi película favorita es de Disney, lo cierto es que así es. Y la muerte de Oogie Boogie es, cuando menos, agónica. Imaginad por un momento que alguien decide dar un tirón de uno de vuestros pelos y empezáis a descoseros por el costado. Una vez os habéis quedado sin piel, vuestros órganos internos no solo empiezan a desparramarse, sino que además, como tienen conciencia propia, caen en lava ardiente y se incineran, añadiendo a la primera destrucción completa una segunda fase de destrucción parcial. Para terminar, la parte más importante, vuestra conciencia, es pisoteada por un esqueleto simpaticón. Da que pensar…

1) Y para terminar, la que considero la muerte más horrorosa de las películas de Disney: el cruel juez Frolo (El Jorobado de Notre Dame). El hombre no solo se pasa media película atormentado con la tentación de la bruja gitana, sufriendo alucinaciones (la escena de la canción “luz celestial, fuego ardiente” es alucinante), sino que, para rematar la faena, acaba colgado de una gárgola de piedra sobre un París en llamas; no solo en llamas: cualquiera diría que un volcán a entrado en erupción, por la cantidad de lava que hay en la plaza de la catedral. Antes de morir, para más inri, Frolo lo flipa un rato con la gárgola, y tiene la impresión de que esta lo sonríe maléficamente. Presumiblemente, llega a la lava ya mencionada y el hombre se descompone lentamente no solo en una agonía física, sino también mental.

En fin, solo era esto. Las horas no son buenas, ya sabéis, pero me apetecía reflexionar sobre estas cosas. Quedan otros finales igualmente crueles, como el de Jafar, confinado en un espacio chiquitín por la eternidad, o Úrsula, atravesada por el mástil astillado de un barco, pero dejo aquí los cinco que más me han impresionado a mí. ¿Qué decís? ¿Se os ocurre alguno más? =) ¡Dulces sueños a todos!





Dueños de las palabras

26 08 2010

¿Creéis que alguien puede hacerse dueño de una palabra? No me refiero a registrar una marca para que nadie más pueda usarla, o a inventarla y emplearla en un dominio restringido. Estoy hablando de crear una palabra y hacerla completamente tuya, con todos sus rasgos fonéticos, morfológicos, su comportamiento sintáctico y sus versatilidades semánticas. Tuya por completo. En mi opinión, resulta absurdo decir ser dueño de un sufijo. Pero parece que a los señores de Facebook las cosas absurdas les molan mogollón.

Me encuentro hoy con un meneo que afirma que los señores del caralibro han demandado a una red social de profesores por emplear el sufijo -book (Teachbook, se llama la página). Aquí hay dos cosas que discutir, así que vamos por partes.

Primero: ¿es realmente -book un sufijo? Hasta donde yo veo, el nombre de la red social Facebook es una palabra compuesta. Compuesta por dos palabras, concretamente: Face (cara) y Book (libro). Una traducción podría ser algo como “libro de caras”, en tanto que es una especie de álbum de personalidades. Una palabra compuesta no es una palabra derivada. Una palabra derivada, dicho pronto y mal, es aquella palabra que se modifica mediante afijos (ya sean prefijos, sufijos, infijos, interfijos o circunfijos) con la posibilidad de cambiar de clase gramatical. Un ejemplo de cada

  1. Prefijo: a la palabra “instalar” le añadimos el prefijo “pre-” y queda “preinstalar”.
  2. Sufijo: a la palabra “orar” le añadimos el sufijo “-ción” y queda “oración”.
  3. Infijo: para poner “cualquiera” en plural, añadimos el infijo “-es-” en el interior de la palabra, quedando “cualesquiera” (y no “cualquieras*”, que ya os veo venir).
  4. Interfijo: no tiene significado, pero se usa para evitar la cacofonía. Para hacer el diminutivo de “pez”, no decimos “pecito”, sino “pec-ec-ito”. Ese -ec- central es un interfijo.
  5. Circunfijo: son los que más molan, porque rodean y acorralan a la palabra. Ocurre con verbos como “enlatar” o “enrojecer”, a los que se les ha añadido simultáneamente el prefijo “en-” y el sufijo verbal “-ar” (o “-er”, “-ir”). Daos cuenta de que no existe el sustantivo “enlata*” ni el verbo “latar”.

Así pues, ¿qué vemos aquí? Que -book no es un sufijo, sino la segunda parte de una palabra compuesta, como puede ser “corchos” en “sacacorchos” o “choques” en “parachoques”. ¿Pueden los señores de Facebook asegurar que la palabra “book” les pertenece? Rotúndamente NO. Es como si la patente de los Cazafantasmas impidiera poner a otras películas títulos que tuvieran las palabras “caza” o “fantasmas”. Ahora vamos con la segunda cuestión.

Segunda: supongamos por un instante, aunque espero que haya quedado claro que no es así, que -book es, efectivamente, un sufijo. Tendríamos que asumir que la palabra que lo soporta es “face”, ya que un sufijo no puede formar palabras por sí mismo. Esto querría decir que quedaría terminantemente prohibido usar el sufijo “-book”, signifique lo que signifique, en ninguna otra palabra. Un caso práctico: voy a inventarme un sufijo, no sé… “-can”, que aporta a la palabra el significado de “ser susceptible de ser levantado por un ser humano de fuerza media”. Y creo una empresa, “Todocan”, que se dedica a crear aparatos susceptibles de ser levantados por seres humanos de fuerza media. Creo libroscan, cochescan, árbolescan, perroscan… y de repente, un ser sin escrúpulos y retorcido a más no poder usa el sufijo (MI sufijo) para decir que el otro día levantó a su abuela del suelo, esto es, pudo abuelacan. ¿Sería lógico que yo denunciara a ese despreciable ser que ha robado MI sufijo? De nuevo, mi respuesta es NO. Si no quieres que nadie use tus sufijos, no los inventes, pero gran parte del enriquecimiento lingüístico está precisamente en la experimentación, la invención de nuevas raíces, etc.

En fin, mi conclusión es esta. Facebook no tiene ningún derecho a denunciar a nadie por usar la raíz (que no sufijo, como ellos dicen) -book en ninguna palabra. Es como si McDonalds decidiera denunciar a todos los que usan el “Mc” y venden hamburguesas. Yo abro un negocio en mi pueblo y lo llamo McTronza, con hamburguesas de carne de caballo. A lo que me huele esto es a miedo corporativo, no a mi pequeño negocio de carne de caballo, sino a la estandarización de unos patrones que hagan que su producto deje de ser original. Pues asúmanlo, señores empresarios. La novedad está bien mientras es nueva. Si quieren seguir montados en el dólar, déjense de “denuncias sufijales” y céntrense en innovar y agradar a su público. He dicho.





Un experimento

25 08 2010

Bueno, he decidido hacer un pequeño experimento. He aquí un principio, un posible principio para una posible historia. Había pensado abrir un blog nuevo para incluir cosas de este estilo (cosas “literarias”), y dejar este para cosas más críticas. Pero una amiga me ha sugerido combinar ambos estilos en un mismo sitio, así que helo aquí. No sé qué es, lo acabo de escribir, entre bostezos, silbidos y tarareos de alguna canción que va pasando por mi reproductor. Pero para eso estáis vosotros =) Si sois capaces de leer el texto completo (no es demasiado), me gustaría que jugáramos a un pequeño juego. Cuando terminéis de leer os explico las reglas. ¡Adelante!

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Las cinco capuchas descubrieron, casi al unísono, cinco cráneos peculiares. No por su forma, ni por su edad, ya caudalosa. No; lo peculiar de esas cinco cabezas era lo que escondían dentro. Cinco portentos que una vez tomaron una decisión. Cinco mentes que, conjuntadas, podrían doblegar cualquier régimen mundial, satisfacer casi cualquier deseo, someter a cualquier ciudad, nación o incluso a cualquier dios. Los cinco músicos más poderosos que habían pisado alguna vez el mundo habían tomado una decisión hacía mucho tiempo: que su poder no sería usado nunca. Así que un día, ataviados con una sencilla túnica negra bordada con un símbolo en la espalda, se unieron y depositaron todo su saber en diversos recipientes, elegidos especialmente para tal efecto. Y ellos, ahora cascarones vacíos, se volvieron locos de atar. Incapaces de distinguir el bien del mal, la noche del día. Pero se guardaron un hilo de cordura.

Pese a su situación, se decía que aún eran capaces, aún por separado, de arrancar los sonidos más sentidos a sus instrumentos. Quienes tenían la fortuna de escucharlos, se veía inundado de una alegría indescriptible, y comenzaba a reír a carcajadas, o a llorar de felicidad. Tal era su habilidad, y tal era su poder, pues quien es capaz de provocar tal satisfacción en el corazón humano, es igualmente dado a retorcer y emponzoñar los sentimientos más puros. Así que ahora, las cinco túnicas se dedicaban a deambular de pueblo en pueblo, con la sonrisa siempre en los labios, locos. Y nada les faltaba nunca allá donde fueran, pues siempre eran recibidos con los brazos abiertos; y desde reyes hasta mendigos, todos eran capaces de renunciar a una hogaza de pan, unas monedas o incluso tesoros mayores ante la melodía de los cinco locos.

Cinco túnicas. Cinco símbolos. Unas ondas plateadas para Danovich, el maestro del viento; una corchea verde para Marstock, la profunda voz; tres líneas verticales paralelas del color del sol para el amo de las cuerdas, Jornna; un arco de violinista marrón, de madera, para Caloccio, quien, se dice, ha hecho llorar a mil violines; y, para el más experimentado de todos ellos, amo y señor de la música, K’rlez, tres teclas de piano blancas y dos de color negro azabache, visibles aún en contraste con su túnica. Cinco locos.

Ahora, los locos no se dirigen a ninguna ciudad, ni pueblo, ni reino. Ni deambulan por los caminos, como han venido haciendo los últimos años (¿quién sabe cuántos?). Su paso es ahora firme. Su sonrisa tiembla. Suben la montaña con la precisión de una cabra montesa, y ni la lluvia que comienza a caer, ni los truenos que amenazan, ni la oscuridad de la noche parece ser oponente para ellos. Los cinco locos llegan a la cima, sudando, heridos por las rocas y zarzas en sus pies descalzos. Se detienen, y miran a un punto. Todos a la vez. Danovich saca una flauta, Jornna tañe su laúd, Caloccio prepara su violín. Con unos toques de manos, un teclado hecho de aire y magia aparece ante K’rlez, y, lentamente, la voz de Marstock inicia una melodía. Suave al principio. Lenta. Acompañando a las notas, las gotas de agua danzan alrededor de los cinco músicos. Los animales huyen de la zona, asustados por no saben bien qué, sin saber hacia dónde ir. Se acerca un crescendo en la melodía, y los truenos, acompañando a la poderosa voz de Marstock, afinan su rugido. Los cinco ríen, como los locos que son. La melodía sigue aumentando en pasión, en furia, en violencia. La montaña entera se sacude, y en todo el mundo da la sensación de que los mismísimos cimientos del cielo sufren una sacudida. Los cinco locos siguen cantando, con su sonrisa. En el clímax de la pieza interpretada, un destello de luz surge de la roca más elevada de la montaña. El rayo de luz que asciende despeja las nubes, ahuyenta a los rayos, acalla a los truenos, seca la lluvia, adormece al viento. Los elementos se doblegan ante tal aparición, y en leguas a la redonda, los seres que, hasta el momento, viven en paz, se preguntan con curiosidad la procedencia de tal fuente de energía.

Pocos de ellos verán un amanecer para continuar haciéndose la misma pregunta.

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¡Bien! Si has llegado hasta aquí, eres un héroe (o una heroína). El juego que propongo es el siguiente: yo os voy a lanzar una pregunta sobre el texto, y os voy a dar algunas opciones. De hecho, os voy a hacer dos preguntas. Allá vamos:

  1. Los cinco locos, ¿han muerto en su labor? ¿O siguen vivos como figuras (de momento) misteriosas?
  2. Los seres que han visto el rayo, no ven amanecer al día siguiente (esto es, la espichan). ¿Han sido los cinco locos? ¿O pasa algo más aparte de la maravillosa columna de luz?

Vamos a hacerlo un poco interactivo 🙂 Este fragmento no está preparado, ojo, pero si veo que mola la idea, intentaré preparar el siguiente para dejar un final un poco más “abierto” con más opciones para elegir. Ya diréis qué os parece la idea. ¡¡Espero respuestas!! Ahora me voy a la cama, os dejo reflexionando. ¡Hasta mañana!