Babel 2.0

28 06 2010

Uno de los capítulos del libro de ficción más famoso de la historia (a falta de pruebas fehacientes que demuestren lo contrario y con el beneplácito de Dan Brown) habla de la ambiciosa construcción de una torre alta, altísima, que llegara hasta los cielos, con la única pretensión de ver al Altísimo y decirle “eh, ¿qué pasa?”. El otro, que se ve que siempre ha sido un poco asocial y le daba miedo el contacto humano, se vio apurado ante la inminente llegada de los personajillos, como apurado se ve el que recibe la llamada de unos amigos “oye Manel, que esta noche nos pasamos por allí y cenamos, ¿vale? ¡Nosotros llevamos el vino!”. ¿Vino? ¿Pegará el vino con mis calcetines-por-el-suelo y mi ficus-en-descomposición?

La diferencia es que el de las barbas blancas y largas (icónicamente hablando) tiene superpoderes y una mente considerablemente retorcida. Ya que eres omnipotente y todo eso, no sé, convierte los ladrillos en mantequilla, o inventa la tele y las revistas del corazón, que seguro que ya todos pasan de ir a verte. Cuando hay cosas mejores que hacer… Bueno. Pues no, el señor decide mandarles una maldición y hace que todos hablen idiomas diferentes y así no se entiendan y así no puedan seguir la obra. ¿Qué forma de pensar es esa? ¿A quién en su sano juicio se le ocurre eso? En fin, el caso es que los otros no son capaces de poner ladrillo sobre ladrillo sin entender a los otros, y la obra queda incompleta. Otra constructora que quiebra. Y hasta aquí, la historia conocida.

Lo que pasa es que con el tiempo, el tema del idioma ha dejado de ser un problema. Ya puedes hablar bengalí, ainu o mapuche que alguien habrá que te entienda y te pueda traducir. Así que, en su divina mala leche, el Altísimo decidió dar a las personas de diferentes nacionalidades tintes un poco más indignos, y dijo “os pelearéis de 11 en 11 para conseguir un balón de cuero y meterlo en una red”. Y se sentó a ver qué pasaba, esperando regocijado el ridículo que habrían de padecer sus criaturas. Qué equivocado estaba. Lejos de disipar sus ambiciones, la última idea del bonachón de Dios causó furor en la Tierra. Así que, en un momento de ofuscación (no puede ser, no puede ser), dijo “pues jugaréis en calzoncillos, que es la prenda más indigna que existe”. Pero no sirvió de nada.

Así que, el cielo se abrió, retumbó la tierra, los pájaros se escondieron, y una niña de Missouri hipó, y en todo el planeta se escuchó…

WAKA WAKA

Y así nacieron los mundiales. Ya, me ha quedado una introducción muy larga, pero es que del tema en sí yo no puedo hablar mucho. No me gusta el fútbol (me refiero al espectáculo, no al deporte, que sí me gusta), prefiero pasar mis tardes leyendo a Dostoyevski o jugando partidas de ajedrez contra gente de todo el mundo. Mentira, pierdo igualmente el tiempo en series o libros frikis, pero oye… Al menos los protagonistas de las series que yo veo no se van a llevar 600.000 € por cabeza en caso de ganar el mundial. Se los llevarán por salir en revistas, que es algo mucho más digno, hombre. ¡Ah! Importante: el dinero de los de mis series vendrá de la industria privada y será directamente proporcional a la gente que los vea. El de los furgolísticos saldrá del dinero del Estado (MI dinero) y será el que es, lo vea quien lo vea y entretenga al que entretenga. Sin preguntas. Oh, ah, y además resulta que, tal y como estamos, somos el país que mejor va a premiar a sus buques insignia en caso de triunfo absoluto.

Pero, he dicho, ¿tal y como estamos? ¿Y cómo estamos? Si no hay crisis, hombre. Al menos hasta que España vuelva a casa, eso no existe. La palabra de moda ha dejado de ser “crisis” para pasar a ser “clasificado”, “goles”, “injusticias arbitrales” o semejantes zarandajas. Espero que los que sepáis de fútbol (que yo no sé) tengáis el cuajo suficiente como para admitir que, si no vosotros, la mayoría no gusta del fútbol. Da igual quién juegue bien o quien juegue mal (deporte), sino que gane vuestro equipo (espectáculo). Y si ganan “los malos”, ha sido injusto. Y si ganan “los buenos”, es que somos los mejores. Y, ya de paso, mirad a ver si es justo que esos mindundis se lleven tantísimo dinero (que es tan vuestro como mío) mientras a los funcionarios les rebajan un 5%.

Así que, en esta época de felicidad y armonía, mi voto va para Japón. Y no por afinidad enciclopédica para con ellos, sino porque son de los únicos que he recibido (aunque escuetos y amortiguados) algún comentario positivo por parte de los que saben (o dicen saber) del deporte rey. Os dejo con una viñeta de Manel Fontdevilla, dibujante de la revista El Jueves, extraída de su blog, que podéis visitar aquí:

EDIT: He quitado la imagen porque me decía esto que “el sitio blog.publico.es contiene software malintencionado y puede dañar a su equipo”. Espero que no le haya pasado nada malo a nadie, mil perdones si es así.

Más ratos de hoy:

Viajes // He vuelto hoy de Alicante. Resulta que las viejas mujeres mayores tienen una capacidad asombrosa para intentar adivinar el tiempo en cuanto se sientan en el tren. Exactamente la misma capacidad que tienen para fallar. “Ay, pues va a llover, ¿eh? Que está el cielo gris. Nos caerá por Albacete”… (Rubén asado, 38º y ni una nube en el cielo).

Blogosfera // Eumanismo nos propone en su última entrada un juego de diferencias interesante. Como yo también tengo interés en ver en qué desemboca el juego, invito a todos a pasar y participar.

Libros // Terry Pratchett se va asentando como uno de mis escritores favoritos. Terminado ¡Guardias, guardias!, voy a darle un descanso para dedicarme a Murakami, Orgullo, prejuicio y zombis y, sobre todo, la cuarta parte de Canción de Hielo y Fuego. Pero Pirómides ya está esperándome en la estantería…

Escrito mientras escuchaba… Simpsons Spin Off Showcase, del álbum Go Simpsonic with The Simpsons.