La importancia de medir las palabras

20 07 2010

Mientras continúo con mi investigación sobre el fenómeno Zombi, que me está llevando a lugares y disciplinas insospechadas, me he topado con una noticia interesante en 20minutos.es:

Una pareja de padres negros tiene un bebé blanco en contra de las leyes de la genética

Desde luego, la noticia es sorprendente. Después de tanta ficción como nos hemos tragado respecto a las mutaciones, resulta que es momento de congelar esa sonrisilla sarcástica que tenemos todos cuando terminamos de ver X-Men y empezar a pensar en posibles hombres con visión de rayos láser. No, realmente no creo que la cosa llegue hasta ahí, sobre todo porque solo cierto tipo de gente afiliada a cierta doctrina fascista totalitaria pensaría que ser blanco con ojos azules es un super-poder. Pero la cosa es intrigante, ¿no? Los expertos han descartado la infidelidad y que sea albina, así que Nmachi, como ha sido llamada la criatura (recordad: ya no se dice “bebé”, se dice “criatura”), es un auténtico milagro.

Pero claro, este tipo de textos son muy sensibles, y hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y con cómo se dice. Porque hay un párrafo en la noticia de 20minutos.es que me ha hecho cuestionarme la ideología “neutral” del periodista en concreto. Y dice así:

[…] esta pequeña, rubia y con unos ojos grandes y azules, parece tener una estrecha relación con lo divino, al menos, si se la compara con sus dos hermanos mayores, ambos de color, como sus padres, se podría decir que en su nacimiento se ha obrado un milagro.

¿Alguien más ve el problema? Parece que el hecho de que la niña sea rubia y de ojos azules está relacionado con lo divino, por lo menos si lo comparamos con sus hermanos, negros (salvando el eufemismo “de color”). Por si fuera poco, parece que el escritor ha querido poner una firma incuestionable, y finaliza el artículo con una frase memorable:

Ella es una bebé milagro, pero aún así, ¿qué diablos pasó aquí? (el subrayado es mío)

No quiero decir con esto que piense que el autor es racista, ni que odie a los negros, ni nada por el estilo. Aparte de que absolutamente todos los niños son un milagro en tanto que representan una nueva oportunidad para una especie (la humana) cada vez más devaluada en el mercado multiversal, claro. Pero no me refiero a eso. Solo es un ejemplo de como, en un momento determinado, cualquiera puede usar nuestras palabras para ponerlas en nuestra contra. Por eso hay que medir mucho, mucho lo que decimos. Recordad que todos somos esclavos de nuestras palabras, y una vez pronunciadas, se forman unos eslabones muy, muy difíciles de romper. Mucho cuidado, familia.

Y mientras escribo esto, mis oídos se deleitan con… Los Excesos // Académica Palanca – Todas sus grabaciones (y algún extra)