Estudiar, aprender

15 06 2010

Me apetece escribir. Pero no sé qué contar, ya que últimamente mi vida se reduce a la cafetería de la universidad y a mi habitación. No me malinterpretéis: estudio en la cafetería de la universidad. No soy capaz de concentrarme en la biblioteca. Es demasiado tentador distraerse mirando a la gente que se levanta, a los que se sientan, a los que se van a hacer manitas en el rinconcito de lingüística (porque no va nadie), mirar los apuntes de uno y darse cuenta con escándalo que son ¡de ciencias! (que se vayan a su biblioteca)… tantas distracciones. Una cafetería es más predecible. La gente toma café y, aunque no lo parezca, cada uno está más centrado en lo suyo que en una biblioteca. Porque en la biblioteca hay un nexo común: todos somos estudiantes. Eso nos une, y eso nos hace interesantes unos respecto a otros (a unos más, a otros menos, todo hay que decirlo). Pero en la cafetería hay estudiantes, profesores, personal de secretaría, visitantes ocasionales, grupos… Me concentro mucho más, porque solo me distraigo cuando realmente quiero distraerme.

Le debo mucho a la cafetería de Juanjo, la cafetería pequeña de la facultad de Filosofía y Letras. Cualquiera que se pase por allí a primera hora de la mañana me verá con el ordenador, desde bien tempranito (llego todos los días a las 7 a la universidad), trabajando, o jugando a algo, o leyendo la prensa (esto es lo más común), o repasando apuntes. Una buena charla con Luis, un saludo matinal a Willy, a Hugo. Sentarme en la mesa que hay cerca del enchufe, de frente a la puerta para ir viendo a la gente entrar. No solo a mis compañeros de clase, no. He llegado a entablar relación con gente a la que conozco única y exclusivamente entre los muros del bar. No sé, se me ocurre Cristina, una chica búlgara que también solía llegar muy temprano, o Javi un chico de clásicas que está haciendo su tesis. Una pareja de profesores de psicología que llegan muy temprano para llevar a su pequeña, Blanca, a la guardería, o Carmen, a la que conocí el otro día. Son muchas las rutinas que pasan por la cafetería de Juanjo, muchos los pasos que conducen ahí, y muchos los cafés, cervezas, cocacolas, croisants, menús, más cafés, hamburguesas, palmeras, napolitanas, y, de vez en cuando café que nos han visto pasar. Estoy hablando de días enteros, de 7 a 17.

Estoy terminando una carrera. Dentro de poco, si todo sale bien, seré filólogo (a más tardar, en septiembre, aunque espero que no). Debo mucho a muchos profesores, a muchos compañeros y a tantos y tantos libros y artículos que he tenido que leer. Pero sirva esto como pequeño y personal homenaje a una de las mayores ayudas recibidas durante toda la carrera: la cafetería. Porque siempre tendremos libros para estudiar, siempre apuntes que tomar, siempre habrá alguna teoría que interiorizar, pero nunca habrá un lugar mejor para ello que aquel en el que, café en mano, rodeado de compañeros y amigos, sientas que el conocimiento es un hogar. Va por vosotros, compañeros.





Un breve break

6 06 2010

He terminado el trabajo de Análisis del Discurso, y ya no tengo nada hasta el día 15. Espero no dormirme en los laureles, pero entre tanto, si tengo algo interesante que contar, pues podré permitírmelo =). ¿Por qué escribo esto? Supongo que solo es una reafirmación de la paz que siento por haber terminado el dichoso trabajo. Pero bueno, ya ves… es algo que podría estar contando en una conversación telefónica, o mejor aún, tomando un café tranquilamente en alguna pastelería de algún centro comercial, viendo vídeos graciosos en Youtube, o grupos musicales de japonesas con peinados estrafalarios. Pero como no tengo conversaciones telefónicas, ni café que tomar… En fin. Un descansito, luego un último estirón, y todo un verano para mí, mis frikezas y… y nada más, qué diablos.