Me he vuelto a cabrear

20 09 2010

Es que no hay manera de que la prensa derechista aprenda. No la hay. Y me da mucha rabia, porque murió José Saramago, y los de Libertad Digital la cagaron estrepitosamente. Ahora ha muerto Labordeta, y un señor que merece de mí menos reconocimiento que una cucaracha pisada por un perro bañado en orines y vómito de alce canadiense ha decidido empezar a despotricar contra él.

En esta ocasión ha sido en El Mundo, concretamente el señor individuo ser antropomórfico Salvador Sostres, y no voy a poner enlace al artículo porque no quiero darle más publicidad de la que ya se está llevando. Me da verdadera pena que haya gente que disfrute con algo tan morboso como es echar mierda sobre una persona muerta. De verdad os lo digo, me da auténtica lástima. Y ya no me meto en si Labordeta era bueno o malo, que me da igual. No se puede esperar a que una persona se haya ido para ponerlo a parir, porque es de cobardes. Y eso es lo que, para mí, es este señor, un auténtico cobarde.

Por lo menos, tiene la decencia de ponérnoslo fácil para saber el por qué de su estado mental. En su artículo, hace apología de la civilización pretendiendo acabar con la vida rural. Cito textualmente:

Hay demasiados bosques, demasiados caminos, demasiadas rutas. En la mayor parte del territorio español falta asfalto, casinos, cines, bares que cierren tarde con pianistas imposibles. Faltan coctelerías, grandes restaurantes, carreteras como Dios manda, túneles para no tener que dar tantas vueltas.

A este señor le faltan luces. Espero que viva muchos años, señor Sostre, para ver ese mundo sin comida que crezca en la tierra, sin árboles, sin animales que comer. Que se quede sin la arena de las playas, sin gente que sepa de la tierra todo lo que nosotros, cosmopolitas, no sabríamos manejar.

Por cierto, aunque mejor redactado que aquel artículo de LD, este ser también tiene faltas de redacción. Hacen falta más periodistas serios y menos lemures en las redacciones editoriales.

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Problema de sufijos

19 03 2010

Ayer, en la primera página de El País, podíamos leer el siguiente titular:

Tuve sexo con menores como forma de vida – El sumario del caso del karateca Baena revela los abusos cometidos

Salvando lo despreciable de la noticia en sí, una palabra ha llamado mi atención: karateca. Esa “c” al final me ha chirriado mucho, y dando vueltas a la cosa, me he dado cuenta de por qué. Por supuesto, la primera persona a la que he planteado este tema me ha hecho la pregunta evidente: ¿está aceptado por la Academia? He de decir que sí, la Academia acepta tanto karateca como karateka, si bien el panhispánico de dudas prefiere la solución con “c” sin decir a santo de qué. Bueno, voy a intentar explicaros yo el por qué.

Como todos sabemos, la “k” no es una letra muy empleada en español. Son pocas las palabras que cuentan con ella entre sus letras: kiwi, koala, kilo… contaditas, vaya. Por eso, al español le choca encontrarse ahí una “k”. Supongo que es por ello por lo que la Academia decidió sustituirla por una “c”, aún cuando en el idioma original se escribe con “k”.

La palabra deriva, como ya sabréis, del japonés. La raíz, “karate”, se escribe del siguiente modo:

Imagen extraída de http://www.askp-karate.com/Portals/0/images/Karate-Do_Kanji.gif

En realidad, lo que pone en la imagen es “karate-do”, el camino del karate o, por traducción, el camino de la mano vacía. El karate es una disciplina marcial que se practica sin armas; de ahí lo de la mano vacía. Pero, ¿qué es el “ka” (o “ca”, según la RAE)? Aquí viene el dilema. En japonés, el sufijo –ka equivale a nuestro sufijo –ista, que sirve para señalar a la persona que se dedica a algo (futbolista, tenista, maquinista… ya sabéis). Por lo tanto, el “karate ka” es el “karatista”, la persona que se dedica al karate. Mi planteamiento, por tanto, es que si se respeta la raíz, se debería respetar el sufijo también.

Pensemos ahora en otras palabras que en castellano terminan por –teca: biblioteca, pinacoteca, discoteca… la RAE define este sufijo como ‘lugar en que se guarda algo’. Pero claro, como esta terminación es corriente en castellano, debieron pensar que era mejor sustituir la letra “k” original por la “c”, ya que al pueblo le sonará mejor. Pero resulta que el pueblo sabe lo que es una “k”, sabe cómo se pronuncia, sabe cómo se escribe y no le tiene miedo. Y precisamente porque el pueblo no es tonto, su competencia lingüística le dice que esa terminación corresponde a ‘lugar en que se guarda algo’. Y por eso me ha chirriado esa terminación, y por eso abogo por mantener la palabra “karateka” tal cual. A discreción queda del hablante, por supuesto. Como dije, la Academia aún admite le “k” en la palabra… ¿qué opción preferís?

Más ratos de hoy:

  • Conocimiento del mundo // Una mujer se ha subido al bus y ha preguntado al conductor: ¿para en la siguiente parada?
  • Uso de comillas // He leído un cartel en el que ponía lo siguiente: Se busca piso en la zona, “urgente”, precio negociable. El uso de comillas indica que tan urgente no debe ser…
  • Música // Ayer encontré por fin una canción que llevaba tiempo buscando. Era parte de la Banda Sonora Original de la película Bitelchus. Podéis encontrarla pinchando aquí.

Si esto te ha gustado, quizá tengas un rato para…

El lenguaje zombi: pequeño escrito sobre los cambios no naturales en las palabras.