Banderas de nuestros pares

10 07 2010

No falta ninguna letra en el título de esta entrada, no, y no voy a hablar de la película del señor Madera-del-este (Eastwood). Cuando hablo de pares me refiero a aquellos con los que compartimos mundo, los que están mano a mano con nosotros. Y sí, claro, porque el juego de palabras me quedaba bien. Es que últimamente veo por todas partes banderas rojigualdas, escucho himnos aspañolistas a mansalva, y me ha dado por preguntarme a mí mismo sobre el patriotismo en sus diferentes acepciones. No soy antropólogo, ni sociólogo, pero creo que hay algunas diferencias considerables entre la forma en que los colores de un a bandera o de otra afectan a los que bajo su sombre se cobijan. Voy a poner algunos ejemplos, creo que con 3 serán suficientes.

Bandera inconfundible, nos entra por los ojos todos los días. Absolutamente todos, ¿eh? Yo creo que vemos la bandera de USA más veces a lo largo de nuestra vida que la de nuestro país, sea el que sea. Aparece en cómics, libros, películas, videoclips… es un símbolo al patriotismo, a la identidad nacional, y los ancianos lloran y se descubren, y es un crimen dejar la bandera izada en día de lluvia y… en fin. Como símbolo más o menos podemos hacernos a la idea. Para ellos la bandera es algo positivo, una identidad de la que se sienten orgullosos. Pero claro, es que la frase “usted no sabe quién soy yo, soy ciudadano americano” queda preciosa, pero cambiando “americano” por, no sé… “español”… bueno, la cosa cambia.

Cuando estuve en Turquía me quedé alucinado de la cantidad de banderas nacionales que uno podía encontrar por la calle. Curiosamente, vi más en la parte europea de Estambul que en la asiática. En el caso de los turcos, la bandera no es un símbolo de patriotismo o de orgullo, pero sí es una seña de identidad frente al exterior. Es algo natural tener una banderita en el taxi, o en la entrada de tu negocio, porque eso te identifica como miembro del colectivo. Habiendo vivido una situación política como la que han vivido (y están viviendo) es fácil comprender el por qué de esta necesidad. Por otro lado, es una bandera asociada a un señor: Kemal Atatürk, un líder militar que consiguió erigirse como primer presidente de la República de Turquía y potenciar el país hasta lograr hacerlo un hueco entre los mercados asiáticos.

La bandera japonesa es sencilla, y representa exactamente aquello que significa Japón: un sol naciente. Aunque parezca mentira, es bandera oficial desde 1999, no antes, pero ya es algo totalmente natural para todos la asociación. De nuevo, esto es un reflejo de lo que es el país en sí: un tren bala shinkansen desbocado que avanza a una velocidad de espanto. Es curioso que a lo largo y ancho de todo Tokyo apenas sí logré ver una bandera nacional (aunque me consta que las hay). Sin embargo, el día 23 de diciembre, cumpleaños del señor Akihito, emperador de Japón, la ciudad se engalanaba, y uno podía llegar a pensar que había cogido una especie de daltonismo rojiblanco. Todo banderas, todo símbolos nacionales (el escudo también). Y en la plaza del Palacio Imperial, cienes y cienes de nipones agitando banderitas al grito de Banzai (‘que viva 10 000 años’) para agrado de su líder político.

Tres formas, como veis, de entender lo que no es más que un símbolo. Y seguramente, cada bandera se respire de una manera diferente. Esto me lleva al origen de este post: ¿Cómo se vive la bandera en este nuestro ibérico país? Los que seáis de intramuros seguramente ya sabréis cómo va la cosa.

La bandera española tiene un lastre muy grande, y es que aunque es oficial desde el siglo XVIII, los avatares históricos han querido que sea profundamente relacionada con un sentimiento no patriótico, no identitario y no icónico, sino de marcado carácter nacionalista. Es una bandera que se ha opuesto generalmente a aquella otra de la República, con la franja morada, y que, por tanto, se ha asociado a la derecha, a la monarquía e, históricamente, al franquismo. Por tanto, una pegatina con la estanquera en la parte trasera del coche, o una tela en una ventana, o una insignia en nuestro taxi conllevará inmediatamente esa carga política. Sigan leyendo, queridos lectores, que hay más.

AHORA BIEN. De noche todos los gatos son pardos, y sobre fondo blanco los osos polares se camuflan muy bien. Desde hace unas semanas, España es, literalmente rojigualda. Si viéramos la península desde el espacio, seguro que los colores destacarían. Pero, ¿son los colores de España como nación los que ondean? No. Son los colores de un equipo de fútbol que está haciéndose un buen hueco en la historia del deporte rey. Por eso estos días nadie se escandaliza ante la marea de señas nacionales. Salvo en Cataluña y el País Vasco, que han aparecido en las noticias bajo el epígrafe ‘oh, mirad, una bandera Española en tierra prohibida’. Y al lado, otra noticia igualmente impactante: ‘es julio y hace calor’. Los medios periodísticos están a tope.

Total, que estos días se puede escuchar también a muchas personas dando noticiones. Ahora, España es un país maravilloso, porque somos la gloria, estamos volviendo a ser un imperio, y ¡¡JA!! Creíais que la Batalla de las Dunas había terminado, ¿eh? Pues no, ahora os la devolveremos, malditas provincias unidas. Digo, holandeses, malditos holandeses…

En fin, que ahora mismo España es la releche. Creo que alguien habló de incluir al pulpo ese en la bandera nacional. Porque todos sabemos que el fútbol es lo que mejor representa a este país, claro. Y, lo peor, es que fuera también lo saben. Os dejo con un titular que leí el otro día. Lo dice todo:

Bajitos contra bajistas

España ha tenido que agachar la cabeza ante la hegemonía económica alemana, aceptar un tijeretazo de 50.000 millones y ver cómo los germanos especulaban contra nuestra economía. Pero, en el terreno de juego, la locomotora somos nosotros: les ganamos la Eurocopa, tenemos el mejor portero del mundo y el pichichi del mundial.

Más ratos de hoy:

Tecnología // Parece que la fecha para el iPhone 4 es el 28 de julio. Y parece que Apple suele ser inflexible con estas cosas. Pero es que solo lo parece…

Escrito al son de… Shipmeisters’ Shanty – Yoko Shimomura, Banda Sonora Original de Kingdom Hearts II

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