La loca aventura de ser escritor y ponerse en las manos de Polanski

3 04 2010

Anoche fui al cine a ver la última de Polanski con Ewan McGregor como cabeza de cartel. Me refiero a The ghost writer, mal traducida como El escritor en nuestro país, y en fin… ¿qué puedo decir? Que no está mal. Una historia política, de intrigas, dramas y cosas en la sombra. Sin más ni más. No me entendáis mal, a mí me ha gustado. Aunque al principio es un poco lenta, la cosa se pone seria una vez planteada la trama, y si puedes retener más o menos algunos nombres, te implicas por completo. Si eres incapaz de recordar los nombres que se van mencionando a lo largo de una película sin tener que asignarles una cara, olvídalo: esta peli no es para ti.

Por otro lado, he podido ver a un Ewan McGregor magnífico. De verdad, me ha encantado. Encarna a un escritor sin-nada-que-perder, un personaje un tanto vacío que me recuerda a aquel pianista de un cuento de Felisberto Hernández, El Balcón. Solo que Ewan es protagonista directo, y toma partido. Si no habéis leído el cuento de Felisberto, os lo recomiendo. Ese y otros, acercáos al autor. No os defraudará.

De todos modos, no sé… parece que está de moda transmitir el mensaje de que los trabajos aburridos pueden ser emocionantes. No estoy diciendo que el trabajo de escritor sea aburrido (¡válgame!), pero desde luego no es el típico lugar en el que te encontrarías implicado en tramas criminales a nivel internacional. Pero supongo que por eso se hacen películas sobre ello.

Volvamos a la película. No solo Ewan McGregor aparece en los carteles. Aunque no demasiado, también aparece el personaje en torno al que gira toda la trama: Adam Lang, interpretado por un Pierce Brosnan que, desde luego, ya no es James Bond (tiene tripita y esas cosas). No aparece mucho, digo, aunque sea el centro de la historia (o, más bien, sus memorias), pero no lo hace del todo mal.

Pero si algo tengo que recomendar de la película, son dos cosas. Por un lado, la fotografía y los paisajes: maravillosos. Creo que es Boston, no lo recuerdo bien, pero hay unas escenas en la mansión del señor Lang, bajo la lluvia, en el mar, en el bosque… preciosas, de verdad. Por otra parte, Alexandre Desplait coge la batuta y dirige una banda sonora que no tiene desperdicio por ningún lado. Lástima que estos dos detalles no hagan que valga la pena pagar los siete eurazos de entrada… De verdad que es una pena. Pero si podéis verla en la pantalla grande de algún modo más barato (descuentos, carné joven, que os coléis) y no tenéis nada que os apetezca más ver, echadle un ojo. Mis padres se han aburrido, pero ha sido por el tema de los nombres. A mí me ha gustado.

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