Faltas estivales

15 07 2010

Un año más, el verano ha llegado. Lo digo ahora porque ya es innegable; en junio aún cabía alguna duda, con las lluvias y las rachas de fresco otoñal que nos acompañaban de vez en cuando, pero ahora mismo tengo 38 argumentos celsius que apoyan mi premisa: el verano ya está aquí. Sin embargo, desde hace unos años, la época no es lo mismo. Ayer pensando en esto mismo llegué a la conclusión de que mis últimos veranos son como una navidad sin adornos por las calles, sin anuncios surrealistas de juguetes y colonias que de oler como suenan serían pasto de culebras. Me faltan cosas.

Me falta la piscina, por ejemplo. Esas baldositas cuadradas que nos enseñaron a todos las muchas variedades tonales que esconde el término “azul”, que formaban dibujos que, vistos a través de la distorsión reflectante del agua, despertaban nuestras más inquietas fantasías. Me faltan los cuadernillos Rubio y los libros de Vacaciones Santillana, con sus cintas de cassette de chistes malos y canciones pegadizas. El calor no es tan abrasador, aunque pega fuerte. Los mosquitos no son tan insoportables, aunque pican igual. La horchata no sabe igual, aunque está mejor que nunca. Y, en fin, toda una serie de cosas que hacen que los veranos no sean iguales.

No me levanto a las 08:00 a ver la sesión de Oliver y Benji + Dragon Ball + Caballeros del Zodiaco, por la sencilla razón de que ya no lo echan. Ahora me levanto a las 07:00, me voy al gimnasio antes de que se llene demasiado, salgo cansado, me tomo un café en una cafetería mientras leo un buen rato, hago algunas compras para casa si procede, regreso a lo más parecido a un hogar que tengo ahora mismo y enciendo la consola, o sigo leyendo, o me pongo alguna peli, o me dedico a la vida contemplativa. Nos hacemos mayores, y cuando ves las cosas desde aquí arriba la perspectiva es muy diferente. De momento, me conformo con un pequeño cambio: gafas nuevas. No sé hasta qué punto es esto definitorio de un cambio interno como el que he comentado, pero… en fin. Las necesitaba ya.

Más ratos de hoy:

Estafas // ¿Habéis oído lo de Toshiba? Resulta que su promoción “Si la roja gana, tú ganas” tenía cláusulas escondiditas. Ahora no quieren devolver el dinero de los que compraron porque había que registrarse en la web. Sabéis que soy anti corporativo, y espero que les obliguen a devolver todo el dinero, pero no se puede negar el #epicfail de los consumidores. ¿Cuándo aprenderemos que nadie da duros a peseta? ¡Hay que leerlo todo, amigos!

Cine // Shrek 4, muy divertida. Yo diría que se han resarcido del bodrio que fue la tercera, así que la recomiendo. No así Dorian Grey, una basura de proporciones épicas (salvo por el genial Colin Firth).

Parecidos razonables // Ahora que frecuento ese templo al cuerpo que es el gimnasio (o debería serlo), encuentro muchas similitudes con ese otro templo a la mente que es la universidad (o debería serlo). Por ejemplo, en el gimnasio uno puede ponerse en las posturas más raras y ridículas que se le ocurran: todos pensaremos que está realizando un ejercicio especial y lo comprenderemos. Nadie se reirá de él. En la universidad ocurre lo mismo: puedes exponer la teoría más absurda que se te ocurra, que siempre tendrá apoyo y cabida y será, cuando menos, tenida en cuenta.

Y todo esto bajo los acordes de… We are One //Return to Pride Rock – Songs Inspired by Disney’s The Lion King II – Simba’s Pride

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