Zombies. Primeras impresiones.

2 08 2010

Bueno, como algunos sabréis, llevo un tiempo investigando un poco todo este boom sobre muertos vivientes que nos invade desde varios frentes. Desde hace ya unos años, los vampiros han sido amos y señores de primicias, desde adolescentadas infumables hasta sesudas series televisivas, y el mito se ha visto modificado (no voy a decir “degradado”, que algunos me pegarán) hasta puntos que Polidori no hubiera considerado jamás. Ya que menciono al maestro, recomiendo encarecidamente a todo el mundo que le eche un vistazo al cuento El Vampiro, del aludido Polidori, que no solo constituye el nacimiento del vampiro, sino que fue la inspiración de grandes obras de la literatura gótica como Frankenstein. Sin intención de ahondar más en la herida, si Stoker levantara la cabeza…

Pues si Stoker levantara la cabeza, seguramente sería un zombie. Pero, ¿qué tipo de zombie? Quizá lo más maravilloso de estas criaturas es que aún están poco explotadas. Son criaturas muy simples, sin ningún tipo de habilidades especiales, poderes o raíces. Son figuras antropomórficas desprovistas de cualquier inteligencia movidas únicamente por el instinto y el impulso de alimentarse. Y quizá ni esto, porque no es que tengan un poderoso sentido de supervivencia. Hambre, es lo único que tienen. Al menos en un principio. Esto hace que sean unas criaturas sorprendentemente versátiles: se puede hacer de ellos lo que uno quiera. Al contrario que con los vampiros, el mito no está establecido, y no hay un alma mater al que volver. Alguno me dirá “sí, todo se remonta a los ritos vudú de los chamanes de Haití”, y yo diré “sí, yo también leí aquel número de la revista Muy Interesante“, pero lo cierto es que el concepto de “muerto viviente” existe desde hace mucho. Desde hace mucho, mucho.

De un modo u otro, todas las civilizaciones (y, con ellas, sus religiones) han mostrado inquietudes al respecto. Desde las reencarnaciones budistas hasta la resurrección de Jesucristo, pasando por la conversión en árboles de los Na’vi o la vida de ultratumba de Bitelchus, la muerte siempre se ha presentado como el castigo final, inaceptable y, por tanto, perfecto para acobardar y atraer a los fieles adeptos. Es así. Y la historia de los zombies, me da la impresión, gira en torno a la misma idea. Se trata de presentar una vuelta de entre los muertos a un estado en el que uno ya no es dueño de sí mismo. Y se trata de que los vivos se enfrenten a esta falta de voluntad o sucumban a ella. Esto, sumado a la versatilidad de la que hablábamos antes, es lo que ha hecho que los zombies se hayan presentado a lo largo de la historia bajo diferentes prismas. Son personajes tan planos que pueden ser vestidos con cualquier chaqueta, y bajo esa apariencia monstruosa se esconde algo aún más poderoso: los auténticos miedos de la humanidad.

Los zombies originales de Haití se utilizaban como mano de obra

Como decía, el “zombie tradicional” es el zombie vudú, el relacionado con la magia negra. Eso precisamente, las maldiciones, los dioses vengativos y los espíritus, han sido el miedo que ha atenazado a la sociedad durante milenios, desde que nuestra “racional” cabecita empezó a funcionar. Por eso, el zombie ha adoptado formas tan relacionadas con este mundo desde entonces. Pero la sociedad evolucionó, y con ella cambiaron los miedos. Los fantasmas comenzaron a ser cosa del pasado y entretenimientos de niños, y la sociedad empezó a dejar que sus miedos fueran guiados por otros perros pastores. La industria, el poder del dinero, la explotación, la contaminación… poco a poco, durante la revolución industrial, los miedos cambiaron en el corazón de la propia comunidad humana, y con esos miedos, cambiaron los zombies. Los nuevos muertos vivientes no eran producto de ritos vudú, sino que nacían de yacimientos mineros contaminados, vertidos radioactivos o, en general, problemas polutivos o polucionistas, si tal palabras existieran.

Los zombies que nacen por infección, como los de 28 días después, no presentan tanta descomposición corporal como los resucitados

¿Lo veis? Los miedos cambian, los zombies cambian con ellos. La cosa no quedó ahí, claro. Poco más adelante, en la época de los avances científicos, la industria farmacéutica se impuso, y la experimentación animal se convirtió en el pan nuestro de cada día. Así, los monos comenzaron a ser peligrosos portadores de virus zombie, o algún componente se mezclaba con los inyectables de una empresa farmacéutica, o se traían peligrosos animales desconocidos de lugares de nombre impronunciable que rápidamente expandían la infección. Y todo para lo mismo: zombies.

Los animales exóticos, como este de Braindead, son capaces de inducir a los humanos a estados de zombificación

Esto me lleva a plantearme cómo será la próxima generación de muertos vivientes. Ya hay una buena tendencia a considerar el género como algo “cómico”, en esa tendencia tan positiva que tenemos de reírnos de nuestros propios miedos. Pero ¿qué vendrá luego? De momento, pronto se estrenará en nuestras pantallas Zombies Nazis (Dead Snow), otra representación de un miedo humano. La siguiente pregunta, por tanto, es necesaria: ¿por qué zombies? ¿Por qué figuras antropomorfas? Mi respuesta gira en torno a la necesidad de descargar rabia de manera lícita contra figuras que puedan recordarnos a aquello que más dolor nos causa: la gente que nos rodea. Pero lo desarrollaré más adelante, que ahora tengo que irme =) Espero que os haya gustado. ¡¡Saludos!!

Dentro de poco, otro miedo humano volverá de entre los muertos. Los zombies nazis llegan al cine...