Chistes disfrazados de cosas serias

26 09 2010

No nos damos cuenta muchas veces de la cantidad de cosas graciosas que ocurren a nuestro alrededor. Estos días me han pasado unas cuantas, así que quiero compartirlas con vosotros para que os deis cuenta de lo interesante que puede ser un simple paseo por la calle si lo miramos desde el punto de vista oportuno. Vamos allá.

Lo primero de lo que quería hablar es un titular que leí en el twitter de @el_pais, y que reza así:

El arzobispo de Canterbury […] dice a The Times que no ve problema en que haya obispos gays, siempre que no mantengan relaciones sexuales porque la tradición y la historia dictan que los clérigos deben ser célibes.

Ah, sí, nuestras viejas amigas. Tradición e historia. Pese a que es la declaración más tolerante que he escuchado por parte de la iglesia en los últimos días meses años siglos, sigue pecando de un increíble toque hipócrita que no deja de sorprenderme. Es como ponerle a un niño delante dos platos, uno con golosinas y otro con fruta, y decirle: “¿qué prefieres?”, y en el mismo momento en que el niño vaya a agarrar la primera golosina, retirar los platos y decirle con una mirada paternalista y una sonrisa condescendiente “da igual, no puedes comer de ninguno”. Vamos, que a Dios rogando y con el mazo dando. Pero dando bien, donde duele. Me encantaría haber visto la cara del arzobispo de Canterbury. Seguro que ha soltado una carcajadita y ha dicho algo así como whatever. Miradle la cara y decidme que no. Y mientras, la tradición y la historia, alejadas ya de cualquier otra institución con un mínimo de sentido común, espoleaban sus palabras entre risas y llantos. Pues muy bien, hombre, muy bien.

En otro orden de cosas, el tema de la huelga está dando para mucho. Por supuesto, los sindicatos no tienen razón, y por supuesto, el gobierno, la oposición o cualquier organismo político tampoco.

-Oiga, perdón, es que los sindicatos también son un organismo político.

Ah, vale, disculpe. No sé en qué momento pensé que representaban al trabajador. ¿Cuándo se presentará UGT a unas elecciones generales? Al tiempo. Pero en fin, al grano. El caso es que vuestro amigo Rubén daba un paseo agradable una bonita mañana de septiembre cuando su paz se vio turbada por una furgoneta blanca, grande, empapelada de carteles con el mensaje “ASÍ, NO”. Me gustaría hacer notar que, por mucho que hagamos una pausa, esa coma no es del todo correcta, pero ya está, lo dejo ahí. La furgoneta (con altavoz incluido, por supuesto), iba lanzando mensajes panfletarios (malditos comunistas) sobre la necesidad de ir a la huelga, la importancia de ello, y todas esas cosas, al tiempo que una mano misteriosa asomaba por la parte de atrás y lanzaba una ingente cantidad de panfletos a las calles de mi barrio. Que no es el más bonito, pero caray, venir a tirar papel al suelo… ¿lo veis? Es un ejemplo precioso del significado de los sindicatos: antigüedad. En su momento sirvieron para ensalzar la figura del obrero, sí, pero me parece que tienen que renovarse un poco. Mucho, en realidad. Igual que tienen que aprender que el tema de las octavillas era de una época ajena a Internet, la televisión o la radio, tienen que saber que el empresario de ahora no es el de hace cincuenta años.

Pues nada, la misteriosa mano de los papeles se ha apeado del aparato (previa detención de este, claro), y ha empezado a encasquetar la mercancía directamente en mano. Dos de los receptores del mensaje han optado por manifestar su opinión: “nosotros no vamos a ir a la huelga, no está la vida como para perder trabajo”. La mano misteriosa se ha vuelto a subir a la furgoneta, esta ha arrancado, y, mientras se alejaba, la cabeza perteneciente a la mano misteriosa ha asomado por la ventana para emitir una bárbara serie de exabruptos hacia la pareja de esquiroles malnacidos. Ha salido tal repertorio de insultos que habrían escandalizado al mismísimo (ponga aquí el nombre de su tertuliano/a favorito/a). Y a mí me ha dado la risa al pensar en el respeto que los sindicatos han pedido, en el derecho a la huelga que han pregonado tan airosamente. Imaginad que esto es una película (no, no lo es, por desgracia, pero vamos a extrapolarnos un poco para ver las cosas con perspectiva). Los malos en el poder, riéndose de nosotros, los pobres obreritos. Los buenos corruptibles (los sindicatos) perpetrando malévolos planes en su cúpula del mal:

-Lo que tenemos que hacer es cortar los transportes. Si dejamos a la gente sin transporte, no irán a trabajar, y así parecerá que han secundado la huelga. Es brillante, camaradas, mwahahahahahaha.

Y entre tanto, nosotros, los afectados, sin darnos cuenta de lo que realmente nos hace daño y, por tanto, sin poner soluciones. ¿Lo voy a decir? No. Allá cada cual con su conciencia. Yo prefiero reírme de la situación y hacer lo que pueda desde aquí. Es mejor, y más sano. Pero no voy a dejar de remarcar lo paradójico de la situación:

Pues eso. Me han pasado más cosillas, pero creo que me las voy a dejar para el siguiente recopilatorio. Por hoy, con estas dos, ya vamos bien. Y si no os parece gracioso que un arzobispo tome el pelo a la comunidad homosexual (aunque solo se haya referido a los curas, pero es extrapolable) o que unos jóvenes entusiasmados por una causa que no conocen increpen a unos ancianitos por la calle a gritos intentando representar unos ideales… pensadlo otra vez.

Por cierto, quería comentar que estoy en una fase un poco experimental con el blog. Ya habéis visto que he subido cuentos, diálogos, seguiré con el experimento literario… y quién sabe, quizá hasta me anime a subir algo de poesía. Me gustaría conocer opiniones al respecto, que esto crece gracias a vosotros. Por supuesto, seguiré con mis inquietudes y reseñas de cultura (las que pueda), y espero poder expresar este curso también algunas cosillas sobre la fonética, que es, al fin y al cabo, a lo que me dedico. ¡Decidme, amigos!





Me he vuelto a cabrear

20 09 2010

Es que no hay manera de que la prensa derechista aprenda. No la hay. Y me da mucha rabia, porque murió José Saramago, y los de Libertad Digital la cagaron estrepitosamente. Ahora ha muerto Labordeta, y un señor que merece de mí menos reconocimiento que una cucaracha pisada por un perro bañado en orines y vómito de alce canadiense ha decidido empezar a despotricar contra él.

En esta ocasión ha sido en El Mundo, concretamente el señor individuo ser antropomórfico Salvador Sostres, y no voy a poner enlace al artículo porque no quiero darle más publicidad de la que ya se está llevando. Me da verdadera pena que haya gente que disfrute con algo tan morboso como es echar mierda sobre una persona muerta. De verdad os lo digo, me da auténtica lástima. Y ya no me meto en si Labordeta era bueno o malo, que me da igual. No se puede esperar a que una persona se haya ido para ponerlo a parir, porque es de cobardes. Y eso es lo que, para mí, es este señor, un auténtico cobarde.

Por lo menos, tiene la decencia de ponérnoslo fácil para saber el por qué de su estado mental. En su artículo, hace apología de la civilización pretendiendo acabar con la vida rural. Cito textualmente:

Hay demasiados bosques, demasiados caminos, demasiadas rutas. En la mayor parte del territorio español falta asfalto, casinos, cines, bares que cierren tarde con pianistas imposibles. Faltan coctelerías, grandes restaurantes, carreteras como Dios manda, túneles para no tener que dar tantas vueltas.

A este señor le faltan luces. Espero que viva muchos años, señor Sostre, para ver ese mundo sin comida que crezca en la tierra, sin árboles, sin animales que comer. Que se quede sin la arena de las playas, sin gente que sepa de la tierra todo lo que nosotros, cosmopolitas, no sabríamos manejar.

Por cierto, aunque mejor redactado que aquel artículo de LD, este ser también tiene faltas de redacción. Hacen falta más periodistas serios y menos lemures en las redacciones editoriales.





Banderas de nuestros pares

10 07 2010

No falta ninguna letra en el título de esta entrada, no, y no voy a hablar de la película del señor Madera-del-este (Eastwood). Cuando hablo de pares me refiero a aquellos con los que compartimos mundo, los que están mano a mano con nosotros. Y sí, claro, porque el juego de palabras me quedaba bien. Es que últimamente veo por todas partes banderas rojigualdas, escucho himnos aspañolistas a mansalva, y me ha dado por preguntarme a mí mismo sobre el patriotismo en sus diferentes acepciones. No soy antropólogo, ni sociólogo, pero creo que hay algunas diferencias considerables entre la forma en que los colores de un a bandera o de otra afectan a los que bajo su sombre se cobijan. Voy a poner algunos ejemplos, creo que con 3 serán suficientes.

Bandera inconfundible, nos entra por los ojos todos los días. Absolutamente todos, ¿eh? Yo creo que vemos la bandera de USA más veces a lo largo de nuestra vida que la de nuestro país, sea el que sea. Aparece en cómics, libros, películas, videoclips… es un símbolo al patriotismo, a la identidad nacional, y los ancianos lloran y se descubren, y es un crimen dejar la bandera izada en día de lluvia y… en fin. Como símbolo más o menos podemos hacernos a la idea. Para ellos la bandera es algo positivo, una identidad de la que se sienten orgullosos. Pero claro, es que la frase “usted no sabe quién soy yo, soy ciudadano americano” queda preciosa, pero cambiando “americano” por, no sé… “español”… bueno, la cosa cambia.

Cuando estuve en Turquía me quedé alucinado de la cantidad de banderas nacionales que uno podía encontrar por la calle. Curiosamente, vi más en la parte europea de Estambul que en la asiática. En el caso de los turcos, la bandera no es un símbolo de patriotismo o de orgullo, pero sí es una seña de identidad frente al exterior. Es algo natural tener una banderita en el taxi, o en la entrada de tu negocio, porque eso te identifica como miembro del colectivo. Habiendo vivido una situación política como la que han vivido (y están viviendo) es fácil comprender el por qué de esta necesidad. Por otro lado, es una bandera asociada a un señor: Kemal Atatürk, un líder militar que consiguió erigirse como primer presidente de la República de Turquía y potenciar el país hasta lograr hacerlo un hueco entre los mercados asiáticos.

La bandera japonesa es sencilla, y representa exactamente aquello que significa Japón: un sol naciente. Aunque parezca mentira, es bandera oficial desde 1999, no antes, pero ya es algo totalmente natural para todos la asociación. De nuevo, esto es un reflejo de lo que es el país en sí: un tren bala shinkansen desbocado que avanza a una velocidad de espanto. Es curioso que a lo largo y ancho de todo Tokyo apenas sí logré ver una bandera nacional (aunque me consta que las hay). Sin embargo, el día 23 de diciembre, cumpleaños del señor Akihito, emperador de Japón, la ciudad se engalanaba, y uno podía llegar a pensar que había cogido una especie de daltonismo rojiblanco. Todo banderas, todo símbolos nacionales (el escudo también). Y en la plaza del Palacio Imperial, cienes y cienes de nipones agitando banderitas al grito de Banzai (‘que viva 10 000 años’) para agrado de su líder político.

Tres formas, como veis, de entender lo que no es más que un símbolo. Y seguramente, cada bandera se respire de una manera diferente. Esto me lleva al origen de este post: ¿Cómo se vive la bandera en este nuestro ibérico país? Los que seáis de intramuros seguramente ya sabréis cómo va la cosa.

La bandera española tiene un lastre muy grande, y es que aunque es oficial desde el siglo XVIII, los avatares históricos han querido que sea profundamente relacionada con un sentimiento no patriótico, no identitario y no icónico, sino de marcado carácter nacionalista. Es una bandera que se ha opuesto generalmente a aquella otra de la República, con la franja morada, y que, por tanto, se ha asociado a la derecha, a la monarquía e, históricamente, al franquismo. Por tanto, una pegatina con la estanquera en la parte trasera del coche, o una tela en una ventana, o una insignia en nuestro taxi conllevará inmediatamente esa carga política. Sigan leyendo, queridos lectores, que hay más.

AHORA BIEN. De noche todos los gatos son pardos, y sobre fondo blanco los osos polares se camuflan muy bien. Desde hace unas semanas, España es, literalmente rojigualda. Si viéramos la península desde el espacio, seguro que los colores destacarían. Pero, ¿son los colores de España como nación los que ondean? No. Son los colores de un equipo de fútbol que está haciéndose un buen hueco en la historia del deporte rey. Por eso estos días nadie se escandaliza ante la marea de señas nacionales. Salvo en Cataluña y el País Vasco, que han aparecido en las noticias bajo el epígrafe ‘oh, mirad, una bandera Española en tierra prohibida’. Y al lado, otra noticia igualmente impactante: ‘es julio y hace calor’. Los medios periodísticos están a tope.

Total, que estos días se puede escuchar también a muchas personas dando noticiones. Ahora, España es un país maravilloso, porque somos la gloria, estamos volviendo a ser un imperio, y ¡¡JA!! Creíais que la Batalla de las Dunas había terminado, ¿eh? Pues no, ahora os la devolveremos, malditas provincias unidas. Digo, holandeses, malditos holandeses…

En fin, que ahora mismo España es la releche. Creo que alguien habló de incluir al pulpo ese en la bandera nacional. Porque todos sabemos que el fútbol es lo que mejor representa a este país, claro. Y, lo peor, es que fuera también lo saben. Os dejo con un titular que leí el otro día. Lo dice todo:

Bajitos contra bajistas

España ha tenido que agachar la cabeza ante la hegemonía económica alemana, aceptar un tijeretazo de 50.000 millones y ver cómo los germanos especulaban contra nuestra economía. Pero, en el terreno de juego, la locomotora somos nosotros: les ganamos la Eurocopa, tenemos el mejor portero del mundo y el pichichi del mundial.

Más ratos de hoy:

Tecnología // Parece que la fecha para el iPhone 4 es el 28 de julio. Y parece que Apple suele ser inflexible con estas cosas. Pero es que solo lo parece…

Escrito al son de… Shipmeisters’ Shanty – Yoko Shimomura, Banda Sonora Original de Kingdom Hearts II





Ofender a un desaparecido es la ofensa más grave

19 06 2010

La frase no es mía, es de Buenafuente, y la ha Twitteado hace unas horas a tenor del siguiente artículo de Libertad Digital:

http://www.libertaddigital.com/sociedad/muere-el-escritor-portugues-jose-saramago-1276395500/

No suelo meterme en estos berenjenales, pero vengo un poco caliente y con ganas de derramar bilis sobre alguien. Os ha tocado, amigos. Y lo voy a hacer desde el punto más objetivo que conozco: el lingüístico.

1) […] desde su lujosa residencia de Lanzarote, en el que disfrutaba de todos las comodidades del capitalismo […] // alguien debería hablaros del género. Veréis, cuando se habla de una “lujosa residencia” se ha de decir “en la que disfrutaba”, no “en el que disfrutaba”. Cuando se habla de “las comodidades” se dice “de todas”, y no “de todos”. ¿Bien?

2) […] escribía soflamas contra Occidente […] // No os favorece el empleo de eufemismos como “soflamas”. Discursos, peroratas, incluso, por qué no, decidlo: MENTIRAS, si es lo que creéis. Esconderos detrás de palabrejas no os ayuda, os lo aseguro.

3) […] mientras apoyaba revoluciones como las de Chiapas en México […] // Ahora vamos a tener que hablar del número. En Chiapas hay una revolución. Una. No cinco. Así que no son “las de Chiapas”, sino “la de Chiapas”.

4) […] Pese a la calidad de su obra literaria, que fue premiada con un Premio Nobel […] // Ojo: fue premiada con un premio. No pudo ser “galardonada”, “reconocida”, “alabada”, no, tuvo que ser “premiada” con un “premio”. Bravo.

5) Las comillas, compañeros. Un total de cinco pares de comillas, once palabras encerradas entre esas endemoniadas rayitas. ¿Sabéis qué? Las comillas se ponen para reproducir lo que alguien ha dicho. Si no, solo sirven para demostrar la incultura de quien las pone. Es como confesar que no encuentras la palabra adecuada, y te conformas con una cualquiera.

Y, en fin, más cosas. No tengo cuerpo ahora, que es muy tarde, y he dejado de estudiar hace poco. Me dirán “es que el artículo se ha escrito con prisas”, y me dará exactamente igual, porque una persona que sabe escribir lo hace a la primera. Solo quiero que quede bien clara una cosa: si en algún momento de vuestra vida os veis impelidos a criticar a alguien, a quien sea, ejerciendo el pleno derecho que tenéis a defender vuestra postura frente a la otra, tened cuidado. Ni siquiera voy a mencionar lo deleznable que es cebarse de esta forma con una persona recién desaparecida. Porque Saramago podrá ser todo lo que quieras, no lo sé, y tendrá sus valores y sus defectos. Pero, por lo menos, era capaz de transmitir ideas de forma coherente. Por lo menos, era capaz de juntar tres palabras. Por lo menos, sabía escribir.





Un ‘reality’ que yo vería

14 04 2010

Curioso por partida doble. Lo primero que me ha llamado la atención es haberlo visto esta mañana en las noticias de TVE1. Estas cosas no suelen aparecer en informativos. Será que nos estamos quedando sin noticias, o que como lo ha publicado Reuters, los medios han tirado de ahí. En cualquier caso, parece que la cosa es lo suficientemente interesante como para aparecer en el informativo.

Resulta que a alguien se le ha ocurrido coger a varios dirigentes hispanoamericanos y meterlos en una isla, al más puro estilo Supervivientes. La idea es sencilla en un principio, pero no deja de ser divertido. El programa se llama La isla presidencial, y son microcapítulos de cuatro minutos en los que vemos a un Evo Morales enamorado de Chávez, una Kirchner buenorra, un presidente de Nicaragua anónimo y un borbón viejo y medio loco. Ah, y soez, vulgar, aficionado a las palabrotas… como siempre digo, no está mal ver cómo nos percibe la comunidad mundial.

En fin, no digo nada más y os dejo el primer capítulo. Ah, sí. Lo que no ha salido en las noticias es que ha estallado un avión en el aeropuerto de Monterrey. ¿Por qué será?

Más ratos de hoy:

  • Tecnología // Seagate, la fabricante de discos duros, ha llegado a un pacto con Paramount, y venderá sus unidades con 20 películas de la productora. Aunque la idea es buena, aún se puede explotar más, creo yo. Ah, y es en Hollywood, claro. Como decía alguien, Spain is different.
  • Cine // La serie de TVE, Águila Roja, saltará a la gran pantalla. Me parece que nuestra cadena pública está haciendo algo bien con las series que no están sabiendo hacer otras cadenas. Bien por ellos.




Mirando fijamente a los hombres que miraban fijamente a las cabras

24 03 2010

Ayer fui al cine a ver la última de Clooney, McGregor, Bridges y Spacey. Disfruté bastante por tres razones básicas. La primera, desde luego, fue que el cine me salió gratis, como ya comenté. La segunda fue que estaba solo en la sala, con lo que daba toda la impresión de que tenía mi propia sala de cine a disposición (cuan ingenuo resulta habiendo trabajado en ese mismo cine hace unos años). La tercera, claro, fue la película en sí.

Como ya muchos sabréis, la película relata la historia de una división especial del ejército de los EEUU que jugueteaba con la posibilidad de usar poderes psíquicos en la guerra. No obstante, me gusta cómo lo enfocan: el ejército de la Nueva Tierra, como se autodenomina esta división, no es un ejército para la guerra, sino un ejército para la paz. Saltando el hecho de que se les vaya un poco la pinza, esta premisa me parece vital. Lo más gracioso es cómo empieza todo: más o menos vienen a decir que los rusos están estudiando técnicas paranormales porque los franceses han corrido la voz de que los americanos están estudiando técnicas paranormales, y ahora, como los rusos están estudiando técnicas paranormales, los americanos tienen que estudiar también técnicas paranormales. Y, por sorprendente que sea, este argumento convence a cualquier soldado americano.

Leía en alguna parte acerca de lo oportuno o no oportuno de dedicar tiempo y dinero (mucho dinero, unos 20 millones de dólares fueron) a este tipo de cosas. En la película lo justifican diciendo que el presidente de turno (creo que era Reagan) era muy aficionado a este tipo de cosas. Si bien no estoy de acuerdo con todo lo que dicen en el blog Nada es gratis, al que he enlazado más arriba, creo que tiene una idea interesante: para innovar hay que probar muchas cosas. Y alguna funcionará. ¿Hasta donde tenemos que estirar esto? Bueno, hasta que categóricamente quede demostrado que el desarrollo del proyecto no lleva a ninguna parte o nos deja donde estamos.

Pero bueno, esto ya son rollos de economía de los que no tengo mucha idea, he de admitir. Mejor sigo con el tema cine y cierro mi pequeña reseña recomendando a todo el que pueda (y con esto me refiero al que tenga entradas gratis o, al menos, rebajadas) que se acerque a verla. O descargadla. Lo que os parezca mejor, ya sabéis. Quiero terminar hoy con uno de los mensajes más importantes y positivos de la película, tan aplicable a aquellos tiempos como a estos: Hoy, más que nunca, tenemos que ser todo lo que podamos ser.

Más ratos de hoy:

  • Estilo de vida // He ido a apuntarme a la autoescuela. Un señor de traje, corbata, engominado y demás ha entrado a preguntar por la recuperación de puntos, y sin que nadie le preguntara, con un orgullo proveniente de un narcisismo exagerado, ha confesado (frente bien alta, lengua titubeante por el alcohol) que le retiraron ocho meses el carné y 10 puntos por “alcoholemia” (no ha dicho “conducir borracho”, no) y saltarse un semáforo en rojo (6 + 4). Patético.
  • Estilo de vida // Las chicas de los colegios mayores de la Ciudad Universitaria no quieren que sus residencias se hagan mixtos. “Si nos convertimos en mixtos se acaba con la tradición del colegio”; “Para las que vivimos en colegios femeninos, la entrada de chicos sería una revolución”. En qué mundo vivimos…
  • Libros // El Chojin y Francisco Reyes escriben un libro sobre el hip-hop en España. El primer es rapero; el segundo profesor de universidad, y ha hecho la única tesis sobre la disciplina musical en España. Se titula Rap: 25 años de rimas. Lo edita Viceversa, y tiene 384 páginas. Me llama la atención.

Si te ha gustado, quizá tengas un rato para…

Las aventuras de Solomon Kane (y su extraña adaptación al cine): Sobre la obra literaria con reciente adaptación al cine.





¿Qué hacemos?

22 03 2010

Resulta que el viernes pasado, día 19 de marzo (felicidades a los padres y a los Josés), se aprobó el anteproyecto de ley conocido como “Ley Sinde”. Una rápida búsqueda en Google os acercará a varios artículos de prensa, blogs personales y demás sobre el tema, no voy a ahondar ahora en eso. Ha despertado en mí una sensación extraña el leer tanta bilis derramada acompañada de fotos sonrientes de la ministra más odiada en el panorama cibernético actual. Lo más triste de todo es que esta mujer va a tener que dimitir pronto, y lo único que llevará en su haber es una ley bautizada con su nombre. Y vista la naturaleza de esta ley, ya es pena que lleve tu nombre… es como una enfermedad incurable a la que se le pone el nombre del descubridor, o el arma que más gente ha matado con el orgulloso nombre de su inventor. Y me vais a perdonar las comparaciones, pero una ley que atenta de este modo contra la cultura no es una muerte por enfermedad, ni una muerte por arma de fuego. Es otro tipo de muerte.

Pero, como he dicho, ya hay mucha tinta (y sangre) derramada por ahí con quejas, blasfemias varias y demás acerca del tema. Por no repetirme, desde la poca difusión que tiene este rincón de Internet, voy a lanzar una pregunta: ¿qué hacemos? Imaginad la siguiente situación.

Internet no existe. Es el año 2010, y por azares de la vida y la historia, no se ha necesitado nunca enviar grandes cantidades de información a otros lados del mundo en cuestión de segundos (o no se ha caído en la cuenta de esa posibilidad). Sin embargo, no vivimos en la Edad Media. La sociedad ha alcanzado el estadio de “democracia” y libertades de los que disfrutamos a día de hoy. Es decir, os estoy pidiendo que imaginéis una sociedad exactamente como la de hoy, pero sin Internet. ¿Cómo se comunica la gente? Bueno, hay libros, hay prensa, hay publicidad en la televisión, informativos, bibliotecas, universidades, y en cada distrito, dos o tres locales donde hay personas que saben (o tienen acceso a) todo lo que sucede en el mundo. Total, que cualquier ciudadano puede ir en cualquier momento a uno de estos lugares y conocer la información que necesite. Como quien va a la pescadería.

En estos lugares, además de acceder a la información, uno puede disponer, como si fuera una biblioteca, de libros, vídeos, música, colecciones de arte, revistas, artículos… cultura. Recordad que hablamos de un lugar hipotético, ya sé que este espacio ocuparía mucho y serían necesarios muchos recursos. Solo pretendo que nos alejemos del plano virtual de Internet y lo ubiquemos en un plano real. Como decía, en este lugar tenemos todos los servicios que Internet pone a nuestra disposición hoy en día, y podemos hacer exactamente lo mismo que hacemos ahora. Rigoberto Piratilla, un vecino del barrio que goza de excelente reputación entre sus conciudadanos, acude cada mañana antes de ir a la Universidad a su centro-I más cercano para encargar copias de algunos DVD y CD de música de modo que, al volver, estén a su disposición.

Pero un día, una señora con sonrisa malvada y orejas grandes, se persona en el centro-I de Rigoberto, y le dice que se ha llevado el cine, la música, los libros y demás porque se “violan los derechos de autor”. Se van a clausurar los centros-I de toda España y se va a prohibir el acceso a cualquier español a los centros-I de cualquier país extranjero. Paremos aquí. Si encontrásemos esta situación en una tienda de nuestro barrio, ¿cómo reaccionaríamos? ¿Lo dejaríamos estar? Yo creo que no. Cuando las cosas suceden en la vida real, cuando podemos tocarlas, verlas, sentirlas y golpearlas, nos afectan de un modo especial, más intenso que cuando solo podemos percibirlas a través de un mundo virtual.

Todos tenemos muy claro qué haríamos de ver esta situación en nuestro barrio. Quejarnos, movernos, linchar a la señora mala de orejas grandes o lo que fuera menester (y ojo, en ningún momento pretendo hacer exaltación de la violencia, pero ya que mi situación era metafórica, espero que esa paliza se entienda como tal también). Mi pregunta es: ¿Qué hacemos? ¿Cómo solucionamos lo que está pasando ahora, en este momento, en Internet? Necesitamos ideas, necesitamos movimiento, necesitamos dar palizas verbales a quien se atreve a censurar lo que debería ser un bien internacional. La economía debería saber que si yo no puedo bajarme música, no voy a comprarme un reproductor de mp3. Que si no puedo bajarme eBooks, no voy a comprarme un eReader. Que si no puedo acceder a cine, series o prensa, ¿para qué diablos quiero un proveedor de servicios de Internet? Todo se verá afectado.

Os aliento, a quien sea que esté leyendo esto, a que penséis en soluciones prácticas, reales y realizables. Fomentemos la cultura. Esta tarde voy a ir al cine (a ver Los hombres que miraban fijamente a las cabras, ya diré qué tal por aquí), y voy a pagar un euro nada más gracias a una promoción de una web. La semana que viene volveré, y no pagaré nada porque HP me ha regalado una entrada al comprar un producto en su tienda. La primera quincena de marzo, el cine ha costado 4,90 en los cines UGC. Y yo digo bravo y hurra por estas iniciativas, porque me dan ganas de ir al cine. Por ese precio, me compensa. Por siete, ocho euros, no. Quizá si me dijeran “mira, te vamos a cobrar siete euros por la entrada de cine, pero cuando salga la película en DVD, si la presentas, te sale a mitad de precio”. Por ejemplo, es una idea.

Pero no hay ideas para la cultura. Solo hay ideas para el dinero. Es una lástima.

Más ratos de hoy:

  • Ofertas // He encontrado una web, http://www.citydeal.es/in/.aqkTXi/,1945 , en la que cada día salen ofertas y descuentos para disfrutar de tu ciudad. Muy recomendada: como oferta de bienvenida, cine a un euro.
  • Libros // He empezado a leer la saga de Mundodisco, de Terry Pratchet. En las 70 páginas que llevo me he reído bastante, pero ya hablaré más extensamente cuando lo termine.
  • Lingüística // Se me ha ocurrido que sería interesante realizar un estudio sobre el lenguaje de las tiendas de barrio: efectividad, tópicos, eufemismos, entonación… Quizá le dedique algo de tiempo a desarrollar la idea.

Si esto te ha gustado, quizá tengas un rato para…